domenica, Settembre 27

Lo que mal anda, mal acaba. El reino de España anda muy cerca del abismo Una reflexión sobre las prioridades del gobierno español a la luz de un libro de Dino Buzzati

0

En España, las consecuencias económicas de la pandemia se están dejando sentir y provocan la preocupación y angustia de millones de trabajadores y miles de pequeñas empresas. Se necesitará mucho dinero para superar la travesía del desierto. Los impuestos sobre los trabajadores ya aumentaron ostensiblemente después de la crisis de 2009, la deuda pública ya se ha disparado por encima del 100% del PIB y las grandes empresas siguen evadiendo impuestos y manteniendo domicilios en paraísos fiscales. Ante esta situación, las cifras del presupuesto de defensa resultan escandalosas e incomprensibles.

El gran cuentista, novelista y articulista Dino Buzzati nos dejó una interesante reflexión sobre la cuestión militar en su libro ‘El desierto de los Tártaros’. En la guarnición militar descrita por el autor, perdida en los confines del imperio, los soldados y oficiales veían pasar los días y los años y el enemigo no se presentaba nunca. La frustración de no poder ser útil al imperio a lo largo de su vida lleva a los oficiales a la decadencia y a una profunda crisis existencial.

Desde las costas españolas no se vislumbra ningún desierto ni hay tártaros a la vista. Sin embargo, las fuerzas armadas españolas también se han estado preparando a conciencia para la batalla. En algunas ocasiones, con escaso éxito: el Ministerio de Defensa compró un carísimo submarino que se hundía irremisiblemente, y después de gastarse una millonada para arreglarlo, cayeron en la cuenta que no cabía en el puerto de Cartagena, donde debía resguardarse.
No es la única chapuza del ejército español, que arde en deseos de demostrar la virilidad de sus oficiales y no acaba de encontrar la manera. La penúltima operación armada fue en Irak, para acompañar a los soldados de Blair y Bush, por orden de Aznar. En teoría se trataba de ir a desmantelar un arsenal de armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein. Tales armas no existían y los informes que acreditaban el arsenal resultaron ser falsos. Se trataba solamente de derrocar el régimen de Hussein,quedarse su petróleo y conseguir los contratos para la reconstrucción del país a favor de Halliburton, la empresa que controlaba, mira por donde, el Secretario de Estado norteamericano, Dick Cheney. España no tenía ningún interés en Irak más allá de la pretensión de José María Aznar de codearse con el presidente de EEUU. Decenas de miles de iraquíes murieron en el campo de batalla, aplastados por las bombas o por la hambruna provocada por el embargo comercial.
La última operación militar, también ordenada por el Gobierno de Aznar, fue en Perejil. Se trata de un islote situado entre la costa española y la de Marruecos. El gobierno marroquí envió en 2002 seis gendarmes a tomar posesión del peñasco. Con un despliegue de medios digno de una película de Hollywood, el ejército español asustó a los gendarmes, recuperó la soberanía del islote y derribó dos pobres cabras que pasturaban entre los yerbajos, ajenas a la tensión diplomática internacional.
¿Será para paliar la frustración de los militares, para soslayar ese complejo de inutilidad que tan bien describió Buzzati, que el gobierno español ha dado más protagonismo a los soldados que a los médicos en la lucha contra la pandemia? ¿Será por ello que ha prorrogado por quinta vez el estado de alarma, para cuya aprobación en el Congreso de los Diputados ha tenido que hacer malabarismos y falsas promesas a los demás partidos para conseguir su voto?

En plena crisis, con los ciudadanos angustiados y un porvenir incierto, los políticos que copan los puestos institucionales están teniendo un comportamiento lamentable. No solo no están a la altura de las dificultades, sino que ni siquiera se ruborizan en mostrar sus intereses espurios: mantener los sillones del gobierno y los escaños de las Cortes y recibir los correspondientes emolumentos. Ni siquiera han renunciado a cobrar las dietas por desplazamientos, en pleno confinamiento. Cada una de estas dietas supone más dinero del que cobra cualquier médico que se está jugando el pellejo luchando en los hospitales contra el coronavirus.

Lo que mal anda, mal acaba. El reino de España anda muy cerca del abismo. 

L’informazione che non paghi per avere, qualcuno paga perché Ti venga data.

Hai mai trovato qualcuno che ti paga la retta dell’asilo di tuo figlio? O le bollette di gas, luce, telefono? Io no. Chiediti perché c’è, invece, chi ti paga il costo di produzione dell'Informazione che consumi.

Un’informazione che altri pagano perché ti venga data: non è sotto il Tuo controllo, è potenzialmente inquinata, non è tracciata, non è garantita, e, alla fine, non è Informazione, è pubblicità o, peggio, imbonimento.

L’Informazione deve tornare sotto il controllo del Lettore.
Pagare il costo di produzione dell’informazione è un Tuo diritto.
"L’Indro" vuole che il Lettore si riappropri del diritto di conoscere, del diritto all’informazione, del diritto di pagare l’informazione che consuma.

Pagare il costo di produzione dell’informazione, dobbiamo esserne consapevoli, è un diritto. E’ il solo modo per accedere a informazione di qualità e al controllo diretto della qualità che ci entra dentro.

In molti ti chiedono di donare per sostenerli.

Noi no.

Non ti chiediamo di donare, ti chiediamo di pretendere che i giornalisti di questa testata siano al Tuo servizio, che ti servano Informazione.

Se, come noi, credi che l’informazione che consumiamo è alla base della salute del nostro futuro, allora entra.

Entra nel club L'Indro con la nostra Membership

Commenti

Condividi.

Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa