giovedì, Luglio 2

España: juicio infame al Mayor Trapero Se retoma el infame juicio contra el héroe de la policía catalana. Todo por la patria, incluso la violación de los derechos humanos

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El fin del confinamiento ha permitido a la anacrónica Audiencia Nacional española volver a su actividad: esta semana se ha retomado el juicio al Mayor Josep Lluís Trapero, al ex director general Pere Soler, al ex secretario de Interior César Puigy a la intendente Teresa Laplana, máximos responsable del Cuerpo de Mozos de Esquadra -la Policía catalana- durante el verano y el otoño de 2017.

Se les acusa de sedición: la tesis del fiscal es que, en el intento del Gobierno de Catalunya de proclamar la independencia, en octubre de 2017, el cuerpo de los Mozos de Escuadra habría tenido un papel decisivo poniéndose a disposición del Presidente Carles Puigdemont. Uno de los elementos incriminatorios sería la supuesta pasividad de los Mozos de Escuadra cuando se trataba de retirar urnas e impedir las votaciones del referéndum de autodeterminación, desobedeciendo las órdenes dadas por el juez. Por esa razón la fiscalía exige diez años de prisión para los tres primeros, i cuatro años para Laplana.

Este juicio está lleno de irregularidades.

La primera, el delito imputado a los acusados: delito de sedición, que supone un alzamiento tumultuoso para impedir la aplicación de la ley. La Policía catalana no protagonizó ningún tumulto; en realidad, lo impidió (si es que una manifestación de protesta puede ser considerada un tumulto). Tal es la ambigüedad del concepto, que en la mayoría de códigos penales europeos la sedición no está tipificada como delito.

La segunda irregularidad es que el principal testigo contra el Mayor Trapero es el teniente coronel de la Guardia Civil, don Pérezdestituido hace dos semanas por el Gobierno de España por falsificar informes.

La tercera contradicción es que, a pesar de la acusación de pasividad durante el referéndum, la policía catalana requisó más urnas i logró cerrar más colegios electorales (130) que la Guardia Civil (60); la diferencia es que la policía catalana lo hizo educadamente, sólo allí donde era posible hacerlo sin cargas, mientras que la Guardia Civil, bajo las órdenes de Pérez de los Cobos, repartió palizas a diestro y siniestro y provocó un millar de heridos.

La cuarta sorpresa salió de los propios labios del Mayor Trapero, cuando fue interrogado como testigo durante el juicio contra los líderes catalanes en el Tribunal Supremo: Trapero afirmó que no tenía ningún interés en la independencia de Cataluña, consideró que los consejeros catalanes habían actuado irresponsablemente, e incluso manifestó tener preparado un plan para detener a Puigdemont si este hubiese hecho efectiva laRepública catalana después del referéndum, una afirmación que sugiere que la independencia de Catalunya era más complicada de lo que muchos catalanes pensaban, pero que deja sin fundamento penal las acusaciones contra Trapero y contra los consejeros.

Entonces, ¿Por qué quieren condenar al Mayor Trapero a tantos años de prisión
Según todos los indicios, se trata de un acto de venganza por la humillación que el estado español cree haber sufrido en agosto de 2017
.

El 17 de agosto de aquel año se perpetraron unos atentados terroristas en Barcelona y en otros lugares del País, con heridos y muertos de distintas nacionalidades. La reacción del Gobierno catalán fue rápida y eficiente: el consejero Joaquim Forny el Mayor Trapero tomaron las riendas del operativo policial, que hizo un despliegue extraordinario; el President Puigdemont i el Vicepresidente Junqueras se dirigieron a la población e hicieron una magnífica tarea de comunicación; el consejero de asuntos exteriores, Raül Romeva recibió en el aeropuerto de Barcelona a los ministros de exteriores de Francia y Alemania, a los cuales informó con detalle y precisión de la situación de las víctimas de sus países; el consejero de sanidad, Toni Comín, los acompañó, así como a los representantes de Portugal e Italia, a los hospitales donde habían ingresado las víctimas. La información, la logística, la seguridad y el tratofueron impecables. Con los operativos ordenados por el Mayor Trapero, a las veinticuatro horas todos los miembros del comando terrorista habían sido abatidos.

Mientras, el Presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, hacía el papel de la triste figura, llegando siete horas tarde y desconociendo los detalles; la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría se movía por Madrid, intentando convencer a los políticos del PP y del PSOE de la conveniencia de desplegar el ejército en Cataluña; y es que, por aquel entonces, lo que más preocupaba al Estado español era hallar las urnas del referéndum que se debía celebrar dos meses después.

En resumen: la reacción de las instituciones y de la Policía de Cataluña ante el atentado evidenció que el País estaba preparado para actuar como un Estado independiente, con mucha mayor eficacia que el propio Estado español; el único punto oscuro del atentado es que el imam que animó a los jóvenes terroristas a perpetrar la matanza de Barcelona era un confidente del Centro Nacional de Inteligencia español. Ese detalle resulta tremendamente sospechoso: o hubo una enorme incompetencia o una gravísima perversidad por parte de la comandancia de los espías españoles.
Por lo demás, todas las fuerzas y cuerpos de seguridad españoles que se movilizaron en Cataluña fueron incapaces de hallar ni una sola de las urnas del referéndum: el ingenio, la complicidad y la discreción de miles de catalanes lo impidió.

El referéndum se celebró el día uno de octubre, con una resistencia heroica de los votantes que encajaron, con los brazos en alto, tremendas palizas de la policía española y de la Guardia Civil.

Finalmente: los héroes de aquellos días de agosto están en el exilio forzoso (Puigdemont, Comín), en la cárcel (Junqueras, Forn, Romeva) o acusados, Trapero y sus compañeros, del delito de sedición, en un juicio infame.
Sólo la absolución puede evitar un escándalo de grandes proporciones, que se añadiría a la vergüenza de tener presos políticos y exiliados en pleno siglo XXI.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa