giovedì, Ottobre 29

España: 140.000 millones del fondo de recuperación a la deriva El futuro de la legislatura se decidirá en los próximos meses y el destino de los 140.000 millones de euros de la UE para salvar a España del desastre económico en los próximos años. Mientras tanto, los políticos, ineptos, se pelean

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El batacazo económico originado a raíz de la Covid-19 está siendo mortal para miles de empresas, está destruyendo cientos de miles de puestos de trabajo y provocando la angustia a millones de autónomos, profesionales y artistas.
Para intentar paliar el desastre,
el gobierno español dispondrá de 140 mil millones de euros del fondo de reconstrucción aprobado por la Unión Europea. Pero ese dinero no caerá del cielo, ni será para asfaltar calles o construir piscinas: llegará para financiar proyectos de inversión innovadores en el campo de la tecnología digital y la transición hacia una economía verde, siempre que sean creíbles para la Unión Europea. Ahora pues, sería el momento de arremangarse y preparar proyectos estratégicos y convincentes. Quisiéramos confiar en que las diversas administraciones y el sector privado remaran en la misma dirección para poder presentar proyectos de inversión ante las instituciones europeas con garantías de ser aprobados. Sería tranquilizador que los responsables políticos nos explicaran los planes en que están trabajando.

Y qué están haciendo los políticos, en realidad? No nos hagamos ilusiones: se acusan unos a otros de bloquear la renovación de la cúpula judicial; se pelean, el Gobierno central y el de la Comunidad de Madrid, por discrepancias en las medidas sanitarias contra la Covid; se insultan, gobierno y oposición, a raíz de la aprobación de unos presupuestos de los que aún no sabemos ninguna cifra; la extrema derecha reclama la ilegalización de partidos catalanes y vascos; el Tribunal Supremo se niega a cumplir las demandas de liberación de los presos políticos reclamada por el Grupo de Trabajo Contra las Detenciones Arbitrarias de la ONU; el PP bucea entre las cloacas del estado para destruir las pruebas de su multimillonaria corrupción financiera; el gobierno español protege el Rey Emético, fugado con millones de euros robados y en paradero desconocido; el Tribunal Supremo destituye al Presidente de Cataluña por desobedecer un organismo administrativo que le exigía descolgar una pancarta que rezaba ‘Libertad Presos Políticos’. El gobierno español dice que quiere suavizar las relaciones con Cataluña, pero se niega a aprobar una amnistía para miles de ciudadanos encausados por haber protestado contra la represión de la policía. Y en las sesiones parlamentarias, derechas e izquierdas se gritan, a ver quién la dice más gorda, entre los bramidos de los hooligans que ocupan los 351 escaños.

El principal periódico económico alemán, el ‘Handelsblatt’, ha afirmado que «la elite política española no está en condiciones de seguir una política racional que merezca este nombre» i ha alertado de que la crisis en España está cogiendo«proporciones dramáticas».

Hasta que no haya un sistema electoral que premie la gestión eficaz, iremos de mal en peor. La cantidad de personajes mediocres que viven de la política porque no saben hacer otra cosa es escalofriante; lo pagaremos muy caro.

Cataluña ha tenido unos cuantos políticos brillantes, honorables y con alta capacidad intelectual: pero los mejores están en el exilio, han sido destituidos o están cumpliendo penas de cárcel, acusados de sedición por unos energúmenos fascistas que ejercen de jueces supremos.

Mientras, los 140.000 millones van a la deriva. Como dicen en Italia, “¡Porca Miseria!”.

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa