giovedì, Ottobre 29

Después del COVID-19: el momento es grave Los principales problemas económicos y políticos después del primer brote de Covid-19

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La novedad que hemos descubierto a raíz de la pandemia es que no hay ni un solo recoveco en el mundo que tenga la certeza de salir indemne. Más allá del hecho que el virus ha traspasado fronteras y continentes, el impacte económico ha desestabilizado todas las economías del mundo.

Los EEUU de América se han dado cuenta de hasta qué punto son vulnerables, porque muchos de los productos básicos que consumen, empezando por los fármacos, tienen una cadena de suministros que pasa por un gran número de Países, y de forma muy notable, por China e India. Independientemente de las salidas de tono de Donald Trump y de las amenazas de guerra comercial abierta, un cierto repliegue industrial es más que probable.

A su vez, China lleva siete años aumentando su apuesta por el comercio exterior. Desde 2013 el sistema financiero estatal chino ha invertido casi medio billón de dólares prestándolos a sus socios de la Nueva Ruta de la Seda; sus principales deudores, empezando por Rusia, Indonesia, Irán, Paquistán y Kazakstán no podrán devolver la deuda y las consecuencias son imprevisibles. Hasta ahora, el crecimiento económico chino había conseguido apaciguar hasta cierto punto el malestar de sus ciudadanos por la falta de libertades; si este crecimiento se interrumpe bruscamente veremos cómo reacciona la sociedad china. Por el momento, la represión en Hong Kong es propia de las peores dictaduras.

Ya sabíamos que el crecimiento económico y la lucha contra el cambio climático eran objetivos contradictorios. Ahora nos hemos dado cuenta también de que la seguridad sanitaria, el mantenimiento de las libertades individuales y la prosperidad económicas constituyen anhelos antagónicos.

Proteger la salud colectiva ha conllevado reducir parcelas de libertad individual y moderar la actividad económica; en caso de rebrotes, priorizar la economía y la libertad puede poner en riesgo la salud de miles de personas y provocar el colapso de los sistemas sanitarios.

Algunos Países europeos, y de una manera notable Italia y España, tienen sus finanzas públicas al borde del colapso. Su dependencia de las ayudas de la Unión Europea es enorme. De momento, las instituciones europeas, más allá de la emisión de billetes por parte del Banco Central Europeo, apenas han hilvanado un consenso sobre qué ayudas concederán. ¿Serán condicionadas? Esas condiciones ¿conllevarán futuros recortes en los servicios públicos, o un aumento de la presión fiscal? ¿Aprovecharán los estados la posibilidad de condicionar sus ayudas a la reorientación de sus modelos económicos, apostando por la transición energética hacia renovables, el comercio y el turismo de proximidad, una agricultura más ecológica y una ganadería más respetuosa con el bienestar animal?

¿Y los Países del Norte? Estarán los votantes alemanes, holandeses, suecos y daneses dispuestos a solidarizarse con los Países del Sur para evitar el quebranto de la Unión Europea?

¿Y los derechos humanos? Se atreverá la Unión Europea a condicionar las ayudas a Hungría y a España al respeto a los derechos humanos, a la amnistía a los presos políticos y al cumplimiento de las directivas europeas sobre separación de poderes?

¿Habrá sitio para los ochenta millones de desplazados que malviven en campos de refugiados, y que representan diez veces más que el número de infectados por el Covid 19? En medio de tantas incertidumbres, ¿nos acordaremos de ellos?

Harari empieza su grandísimo libro ‘Homo Deus’ diciendo que, en el siglo XXI, la humanidad ya ha superado el hambre, la guerra y las pestes. Quizás aquel día pecaba de optimismo.

El momento es grave. Esperemos que los líderes mundiales estén a la altura. Quizás es esperar demasiado…

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Sull'autore

Docente della Universitat de Vic, Departament d'Economia i Empresa