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Por qué Obama llega a la Argentina

El próximo 23 y 24 de marzo el presidente arribe al país

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Buenos Aires –  “Sí, se puede. Sí, se puede”. El cántico se oye en las manifestaciones de simpatizantes del gobernante PRO en Argentina. Y también se volvió a oír este grito de guerra cuando el presidente Macri inauguró el período de sesiones en el Parlamento. Así es como ya se instalado aquel recurso electoral que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca (Yes, we can).

A lo mejor, en lo conceptual, el “sí, se puede”, se reafirme en Buenos Aires el próximo 23 y 24 de marzo, cuando justamente el presidente Obama arribe al país, luego de una visita histórica a Cuba. Han sido dos meses de presencias internacionales conmovedoras, para un país que parecía haber caído de todos los mapas de la política y la economía internacional. El primero en llegar fue Matteo Renzi, luego el presidente francés Hollande. Y, ahora, Obama. Y en medio, Macri hizo tiempo para cautivar a varios de sus pares en en el Foro de Davos y no tanto al jefe de la Iglesia Católica, el papa Francisco, con quien se reunió la semana pasada en el Vaticano.

El diputado Pablo Priore, perteneciente al PRO, asegura que en materia de política internacional “no debemos ser tan extremistas y aprender de los errores cometidos en el pasado. No me gustan las relaciones carnales, ni con Estados Unidos, como fueron en los 90, ni con China, como ocurrió con el kirchnerismo”.

La posición del PRO en geopolítica parece caminar la travesía de un equilibrio delicado, más en búsqueda de reparar la imagen negativa de la marca país, que de ofrecerse al mejor postor, más interesado en atraer inversiones, que en alinearse y tomar postura por países con directa influencia en regiones enteras del mundo. “La preocupación en política exterior es comenzar a invertir el proceso de desindustrialización, que comenzó en los 70”, sostiene el diputado Priore. Y analiza la situación de países como Australia e Irlanda, para argumentar que “la Argentina enfrenta una situación de decadencia de décadas, en varios frentes. Y en lo económico, la visión debe colocarse en la industrialización, la innovación y poner todos los esfuerzos en el aumento de la calidad de la educación pública”.

La visita del presidente Barack Obama a Cuba concita la atención del mundo entero. Es más que un símbolo. Aunque su escala en Argentina, horas después, puede ser casi tan trascendental y, al menos en el corto plazo, tener más consecuencias. Macri se dispone, más aún con el acuerdo a punto de ser firmado con los acreedores externos (los llamados fondos buitres), a poner fin a 15 años de aislamiento financiero y político de los Estados Unidos.

Uno de sus funcionarios, el secretario de Comercio, Miguel Braun, dijo en Washington, durante una reunión del Consejo del Atlántico, que “Argentina está nuevamente abierta para los negocios”. Había allí, además de funcionarios, potenciales inversores, seducidos por el mercado interno de ese país que hasta hace pocas semanas parecía tan perjudicial para sus intereses como la Venezuela de Nicolás Maduro.

Macri ya ha realizado varios movimientos para dar más que señales sobre la apertura de mercados: ha dejado sin efecto varios  impuestos a la exportación de productos agrícolas y se ha referido a la reducción de las restricciones de importaciones. Hoy, Washington lee el cambio de los gobiernos populistas, hasta hace poco en su máximo auge. Y para la administración Obama, Macri es el pionero de un cambio de eje en la política de América del Sur.

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